Sobre el sillón de mimbre

Andrés-Kathy

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Miss Julio 2026
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21 Mar 2026
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Soy
Pareja
En busca de
  1. Mujer
  2. Hombre
  3. Pareja
Recuerdo perfectamente esa tarde. La luz del sol se colaba por la ventana de la habitación, dibujando rectángulos dorados sobre el suelo de madera mientras Katherine se movía con una lentitud deliberada frente al sillón de mimbre. Llevaba puesto ese conjunto de lencería blanco que sabía que me volvía loco: un sujetador de encaje que apenas contenía sus pechos y una diminuta tanga que se perdía entre las curvas de su culo. Estaba sentada en el sillón, una pierna cruzada sobre la otra, con una sonrisa pícara mientras me observaba por encima de su hombro. Sabía exactamente lo que me estaba haciendo. Mi polla ya estaba dura, un tirón insistente contra el tejido de mis pantalones, mientras la observaba desde el otro lado de la habitación.

"¿Vas a seguir ahí mirando o vas a venir a ayudarme con esto?" preguntó, su voz un susurro bajo y seductor. Sus dedos jugaron con la hebilla del sujetador, un gesto casi imperceptible pero cargado de intención.

No necesité que me lo dijera dos veces. Me acerqué, pero me detuve justo detrás del sillón, mis manos descansando en la parte superior de su espalda. Sentí el temblor ligero de su cuerpo bajo mi toque. Incliné la cabeza y mi nariz se hundió en el perfume de su cabello, una mezcla de vainilla y su esencia única que siempre me desarmaba.

"¿Ayudarte con qué, exactamente?" susurré contra su oreja, mis labios rozando el delicado lóbulo.

Ella se rio, un sonido bajo y vibrante que sentí a través de mi pecho. "Con esto," dijo, y con una destreza que me fascinaba, desabrochó la hebilla. El encaje blanco cedió, y el sujetador se deslizó por sus brazos, cayendo inofensivamente sobre su regazo. Sus pechos quedaron liberados, dos montículos perfectos de piel morena con pezones rosados y erectos que me pedían a gritos que los tocara.

Mis manos abandonaron su espalda y se deslizaron hacia adelante, cubriéndolos. Eran pesados, cálidos, y perfectos en mis palmas. Sus pechos se endurecieron aún más bajo mis pulgares mientras los frotaba en círculos lentos. Katherine dejó caer la cabeza hacia atrás, apoyándola en mi hombro, y un gemido bajo escapó de sus labios.

"Sí... justo ahí," susurró, sus manos cubriendo las mías, empujándolas más firmemente contra sus pechos. "Apriétalos."

Hice lo que me pedía, mis dedos cerrándose suavemente alrededor de su carne, masajeándolos, sintiendo su peso. Con una mano, seguí masajeando, mientras con la otra bajé, mis dedos trazando la línea de su costado hasta encontrar el elástico de su tanga. No me detuve. Mis dedos se deslizaron debajo del tejido, sintiendo la calidez de su piel mientras continuaba bajando, bajando, hasta que mis yemas de los dedos se encontraron con el pliegue húmedo de su coño. Estaba mojada, increíblemente mojada, y cuando mi pulgar rozó su clítoris, ella gritó, su cuerpo arqueándose contra mí.

"¡Andrés!" gritó, sus caderas levantándose del sillón, empujando su coño contra mi mano.

Comencé a mover mis dedos en círculos lentos sobre su clítoris, sintiéndolo hincharse bajo mi toque. Mis dedos se deslizaron más abajo, encontrando la entrada de su coño, ya abierta y esperando. Introduje un dedo, luego dos, sintiendo cómo sus músculos se contraían a mi alrededor, apretándome, pidiendo más.

"Quiero más," susurró, su voz rota por el placer. "Quiero todo."

Con mi otra mano, agarré la cintura de su tanga y, con un movimiento firme, la bajé. Ella se levantó ligeramente para ayudarme, y el trozo de encaje blanco rodó por sus muslos hasta sus tobillos, donde ella pateó la prenda con descuido. Ahora estaba completamente desnuda, su culo brillando bajo la luz del sol, expuesto y disponible.

La agarré de la cintura y la ayudé a ponerse de pie, dándole la espalda al sillón. La besé, una vez más, una vez más, mis labios devorando los suyos mientras mi mano continuaba su trabajo rítmico entre sus piernas. Katherine respondió con una ferocidad que me encendió, sus mordiscos en mi labio inferior, sus uñas arañando mi espalda a través de mi camisa. Era salvaje, libre, y completamente mía en ese momento.

"Quiero tu polla, Andrés," susurró contra mi boca. "Quiero sentirla dentro de mí ahora mismo."

Esa fue toda la invitación que necesitaba. Me aparté lo suficiente para desabrochar mis pantalones, liberando mi polla erecta y palpitante. Katherine me miró, sus ojos llenos de lujuria, y se apoyó en el respaldo del sillón, ofreciéndome su culo. Me posicioné detrás de ella, la cabeza de mi polla rozando su coño mojado, y la miré a los ojos por encima de su hombro.

"¿Estás lista?" pregunté, aunque sabía la respuesta.

Asintió, su respiración entrecortada. "Por favor, Andrés. Fóllame."

Con un movimiento lento y deliberado, me introdujo en ella. El calor, la humedad, la estrechez de su coño me envolvieron, y ambos gemimos al mismo tiempo. Me detuve por un momento, permitiéndonos disfrutar de la sensación, de la conexión completa.

Luego comencé a moverme. Al principio, lentamente, casi sacándome por completo antes de volver a entrar profundamente. Cada embestida era más profunda, más rápida, y Katherine me correspondía, sus caderas levantándose para encontrarme con cada golpe. La habitación se llenó con los sonidos de nuestro sexo: el golpeteo rítmico de nuestros cuerpos, nuestros gemidos y jadeos, el sonido embriagador de mi polla entrando y saliendo de su coño mojado.

"Cámbiate," pidió ella, su voz rota por el placer. "Quiero estar encima."

Sin dudarlo, me rodé, llevándola conmigo hasta que estuvo montada sobre mí. Katherine se ajustó, sus manos apoyadas en mi pecho, y comenzó a moverse. Oh, Dios, cómo se movía. Con un ritmo que era pura magia, subiendo y bajando sobre mi polla, su culo rebotando contra mis muslos. Desde esa posición, podía ver todo: sus tetas saltando con cada movimiento, su cara contorsionada en éxtasis, el lugar donde nuestros cuerpos se unían.

Su velocidad aumentó, sus respiraciones se volvieron más rápidas, más superficiales. Supe que estaba cerca. La agarré de la cintura, ayudándola a moverse más rápido, más profundo, y entonces ocurrió. Katherine gritó mi nombre, su cuerpo se arqueó violentamente, y sentí cómo su coño se apretaba alrededor de mi polla en una serie de espasmos que me llevaron al borde.

"¡Andrés! ¡Sí! ¡Sí!" gritó, su orgasmo recorriéndola en olas.

La visión de su placer, la sensación de su coño contrayéndose a mi alrededor, fue demasiado para mí. Con un rugido, me disparé dentro de ella, mi semen caliente llenándola mientras mi propio cuerpo se sacudía con la fuerza de mi orgasmo.

Nos quedamos así por un momento, ambos jadeando, nuestros cuerpos cubiertos de sudor, mi polla todavía dentro de ella. Luego Katherine se desplomó sobre mi pecho, su cabello cayendo sobre mi cara, su corazón latiendo desbocado contra el mío.

"Dios mío," susurró, su voz suave y satisfecha. "Eso estuvo... increíble"
 
Recuerdo perfectamente esa tarde. La luz del sol se colaba por la ventana de la habitación, dibujando rectángulos dorados sobre el suelo de madera mientras Katherine se movía con una lentitud deliberada frente al sillón de mimbre. Llevaba puesto ese conjunto de lencería blanco que sabía que me volvía loco: un sujetador de encaje que apenas contenía sus pechos y una diminuta tanga que se perdía entre las curvas de su culo. Estaba sentada en el sillón, una pierna cruzada sobre la otra, con una sonrisa pícara mientras me observaba por encima de su hombro. Sabía exactamente lo que me estaba haciendo. Mi polla ya estaba dura, un tirón insistente contra el tejido de mis pantalones, mientras la observaba desde el otro lado de la habitación.

"¿Vas a seguir ahí mirando o vas a venir a ayudarme con esto?" preguntó, su voz un susurro bajo y seductor. Sus dedos jugaron con la hebilla del sujetador, un gesto casi imperceptible pero cargado de intención.

No necesité que me lo dijera dos veces. Me acerqué, pero me detuve justo detrás del sillón, mis manos descansando en la parte superior de su espalda. Sentí el temblor ligero de su cuerpo bajo mi toque. Incliné la cabeza y mi nariz se hundió en el perfume de su cabello, una mezcla de vainilla y su esencia única que siempre me desarmaba.

"¿Ayudarte con qué, exactamente?" susurré contra su oreja, mis labios rozando el delicado lóbulo.

Ella se rio, un sonido bajo y vibrante que sentí a través de mi pecho. "Con esto," dijo, y con una destreza que me fascinaba, desabrochó la hebilla. El encaje blanco cedió, y el sujetador se deslizó por sus brazos, cayendo inofensivamente sobre su regazo. Sus pechos quedaron liberados, dos montículos perfectos de piel morena con pezones rosados y erectos que me pedían a gritos que los tocara.

Mis manos abandonaron su espalda y se deslizaron hacia adelante, cubriéndolos. Eran pesados, cálidos, y perfectos en mis palmas. Sus pechos se endurecieron aún más bajo mis pulgares mientras los frotaba en círculos lentos. Katherine dejó caer la cabeza hacia atrás, apoyándola en mi hombro, y un gemido bajo escapó de sus labios.

"Sí... justo ahí," susurró, sus manos cubriendo las mías, empujándolas más firmemente contra sus pechos. "Apriétalos."

Hice lo que me pedía, mis dedos cerrándose suavemente alrededor de su carne, masajeándolos, sintiendo su peso. Con una mano, seguí masajeando, mientras con la otra bajé, mis dedos trazando la línea de su costado hasta encontrar el elástico de su tanga. No me detuve. Mis dedos se deslizaron debajo del tejido, sintiendo la calidez de su piel mientras continuaba bajando, bajando, hasta que mis yemas de los dedos se encontraron con el pliegue húmedo de su coño. Estaba mojada, increíblemente mojada, y cuando mi pulgar rozó su clítoris, ella gritó, su cuerpo arqueándose contra mí.

"¡Andrés!" gritó, sus caderas levantándose del sillón, empujando su coño contra mi mano.

Comencé a mover mis dedos en círculos lentos sobre su clítoris, sintiéndolo hincharse bajo mi toque. Mis dedos se deslizaron más abajo, encontrando la entrada de su coño, ya abierta y esperando. Introduje un dedo, luego dos, sintiendo cómo sus músculos se contraían a mi alrededor, apretándome, pidiendo más.

"Quiero más," susurró, su voz rota por el placer. "Quiero todo."

Con mi otra mano, agarré la cintura de su tanga y, con un movimiento firme, la bajé. Ella se levantó ligeramente para ayudarme, y el trozo de encaje blanco rodó por sus muslos hasta sus tobillos, donde ella pateó la prenda con descuido. Ahora estaba completamente desnuda, su culo brillando bajo la luz del sol, expuesto y disponible.

La agarré de la cintura y la ayudé a ponerse de pie, dándole la espalda al sillón. La besé, una vez más, una vez más, mis labios devorando los suyos mientras mi mano continuaba su trabajo rítmico entre sus piernas. Katherine respondió con una ferocidad que me encendió, sus mordiscos en mi labio inferior, sus uñas arañando mi espalda a través de mi camisa. Era salvaje, libre, y completamente mía en ese momento.

"Quiero tu polla, Andrés," susurró contra mi boca. "Quiero sentirla dentro de mí ahora mismo."

Esa fue toda la invitación que necesitaba. Me aparté lo suficiente para desabrochar mis pantalones, liberando mi polla erecta y palpitante. Katherine me miró, sus ojos llenos de lujuria, y se apoyó en el respaldo del sillón, ofreciéndome su culo. Me posicioné detrás de ella, la cabeza de mi polla rozando su coño mojado, y la miré a los ojos por encima de su hombro.

"¿Estás lista?" pregunté, aunque sabía la respuesta.

Asintió, su respiración entrecortada. "Por favor, Andrés. Fóllame."

Con un movimiento lento y deliberado, me introdujo en ella. El calor, la humedad, la estrechez de su coño me envolvieron, y ambos gemimos al mismo tiempo. Me detuve por un momento, permitiéndonos disfrutar de la sensación, de la conexión completa.

Luego comencé a moverme. Al principio, lentamente, casi sacándome por completo antes de volver a entrar profundamente. Cada embestida era más profunda, más rápida, y Katherine me correspondía, sus caderas levantándose para encontrarme con cada golpe. La habitación se llenó con los sonidos de nuestro sexo: el golpeteo rítmico de nuestros cuerpos, nuestros gemidos y jadeos, el sonido embriagador de mi polla entrando y saliendo de su coño mojado.

"Cámbiate," pidió ella, su voz rota por el placer. "Quiero estar encima."

Sin dudarlo, me rodé, llevándola conmigo hasta que estuvo montada sobre mí. Katherine se ajustó, sus manos apoyadas en mi pecho, y comenzó a moverse. Oh, Dios, cómo se movía. Con un ritmo que era pura magia, subiendo y bajando sobre mi polla, su culo rebotando contra mis muslos. Desde esa posición, podía ver todo: sus tetas saltando con cada movimiento, su cara contorsionada en éxtasis, el lugar donde nuestros cuerpos se unían.

Su velocidad aumentó, sus respiraciones se volvieron más rápidas, más superficiales. Supe que estaba cerca. La agarré de la cintura, ayudándola a moverse más rápido, más profundo, y entonces ocurrió. Katherine gritó mi nombre, su cuerpo se arqueó violentamente, y sentí cómo su coño se apretaba alrededor de mi polla en una serie de espasmos que me llevaron al borde.

"¡Andrés! ¡Sí! ¡Sí!" gritó, su orgasmo recorriéndola en olas.

La visión de su placer, la sensación de su coño contrayéndose a mi alrededor, fue demasiado para mí. Con un rugido, me disparé dentro de ella, mi semen caliente llenándola mientras mi propio cuerpo se sacudía con la fuerza de mi orgasmo.

Nos quedamos así por un momento, ambos jadeando, nuestros cuerpos cubiertos de sudor, mi polla todavía dentro de ella. Luego Katherine se desplomó sobre mi pecho, su cabello cayendo sobre mi cara, su corazón latiendo desbocado contra el mío.

"Dios mío," susurró, su voz suave y satisfecha. "Eso estuvo... increíble"

Brutal escena, de la qué soy miron desde el sillón enfrente del vuestro... con la polla tiesa en la mano... y os digo... Creo que ahora Kathy me debería ayudar con esto que tengo entre las manos 😬😬😬
 
Brutal escena, de la qué soy miron desde el sillón enfrente del vuestro... con la polla tiesa en la mano... y os digo... Creo que ahora Kathy me debería ayudar con esto que tengo entre las manos 😬😬😬

Me encantaría ver como Kathy te ayudaría con lo que tendrías en tus manos... :banana:
 
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