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Manmar7566

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22 Jul 2025
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Lo que hace tener buenos contactos.

Después de la gran experiencia en casa Francisco y Sofía (es una historia que falta en el otro hilo pero todavía no sé como explicarla). Me invitaron en varias ocasiones pero rechacé ir ya que me molesta estar con mucha gente. Ana, en una de mis visitas a su casa me preguntó que porque no acudía y le expliqué mis motivos. Le expliqué que no quería centrarme solo en ellos cinco, que ellos tenían su historia y todo y que tal vez nos viéramos alguna vez, yo prefería conocer a más gente. Lo entendió perfectamente y pensó que lo mejor sería que probara con otras personas. Me pasó el contacto de unos amigos de ellos también del mundo liberal.

A: Tranquilo, queda con ellos, son Marta y Luis, una pareja preciosa y tampoco les gusta mucha gente, son un poco diferentes a nosotros, pero te gustarán.

Al cabo de dos semanas me armé de valor y les llamé.

Y: Luis, soy Manmar. Me ha dado vuestro contacto Ana y Miguel, que somos buenos amigos.

L: Hola Manmar. Hace tiempo que estábamos esperando tu llamada, ya nos lo había comentado Ana, que te ha recomendado muy bien. Cuando quieras puedes venir a nuestra casa, charlamos tomamos algo y si hay feeling con Marta pues puede que surja algo.

Y: Pues perfecto. Yo podría desplazarme el próximo sábado y a media tarde estar por ahí.

L: Muy bien te mando la ubicación y te esperamos el sábado.

El sábado me ducho, me arreglo y sobre las 6 salgo de casa. Calculo que en poco más de una hora estaré en su casa. Llego a su ciudad y aparco cerca de la ubicación que me ha mandado. A las 7 y media estoy en el portal y llamo.

Y: Buenas tardes, soy Manmar.

L: Sube te estábamos esperando.

Llego a la puerta y me está esperando Luis, un señor de unos 65 años, bien parecido y fornido.

L: Buenas tardes Manmar, soy Luis. Pasa y nos sentaremos un rato a charlar. Marta ahora sube, que ha bajado a comprar un par de cosas. Esperaremos que llegue y así hablamos los tres juntos.

Pasamos al salón y saca un par de cervezas. Nos sentamos a tomarlas y hablar de cosas intrascendentes. Al momento se oyen las llaves en la puerta.

L: Debe ser Marta, voy a ayudarla y a decirle que estás aquí. No te muevas, ahora vuelvo.

Al momento entra Luis y tras él una preciosa mujer de unos 40 y pocos años. Con un pelo rizado rubio y unos labios carnosos, tal y como voy escaneándola con mis ojos veo un cuerpo espectacular, un poco entradito en carnes pero divino. Unos pechos grandes y unas caderas muy marcadas que hacen resaltar su buen trasero.

L: Manmar, esta es Marta mi mujer.

Y: Encantado, Marta, estás preciosa.

M: Gracias, tu también estás muy bien.

Nos sentamos a charlar un rato empezando por tonterías hasta que llegamos al tema en cuestión.

M: Nos ha explicado Ana que ya has estado con ellos y que sabes moverte en este mundo. Cuéntanos un poco tus experiencias y veremos si podemos coincidir en algo.

Les explico que todo y que ya he tenido algunas experiencias, soy novato en esto. Les describo las situaciones por las que he pasado en estos últimos meses y me escuchan sin ningún tipo de rubor ni sorpresa, pero de repente me interrumpen.

L: Por lo que vemos, podrías encajar con nosotros. Sólo que respecto a tus experiencias, la nuestra es un poco diferente.

Mi cara cambia de expresión.

L: No, tranquilo, ya nos ha contado Ana como eres y lo que te gusta. Lo que sucede es que Marta es una mujer muy fogosa, que necesita mucha marcha y yo no se la puedo dar toda. Hemos pactado que de cuando en cuando ella tenga encuentros con otros hombres y mujeres si le apetece, pero estando yo delante. Yo miro y como mucho me masturbo, pero no puedo darle todo lo que necesita. ¿Tú estarías dispuesto a venir de a satisfacerla sabiendo que yo os estaré mirando?

Y: Por mi parte no habría ningún problema siempre que podamos cuadrar fechas.

L: Genial, pues lo hablaremos y si nos parece bien a los dos te llamamos.

M: Manmar, te quedas a cenar, ¿verdad?

Y: Pues si queréis, pero no quiero molestar.

L: No es ninguna molestia, de hecho ya no hace falta que hablemos nada, si Marta te ha invitado a cenar es que le pareces bien. Ya estará caliente pensando en disfrutar de ti.

En un momento preparan la cena y nos sentamos en una pequeña mesa redonda. Entre risas y vino va fluyendo la conversación. Marta desliza su mano bajo la mesa y la posa en mi entrepierna, a lo que mi cara cambia de expresión y Luis se ríe.

L: Ya te está metiendo mano, esto va rápido, de hoy no te escapas. Cariño, cálmate un poquito y nos tomamos los postres y si Manmar quiere algún licor.

M: No sé si podré, esto va creciendo y me está poniendo muy caliente. Bueno, esperaré.

Nos tomamos el postre y Luis nos sirve un licor y nos sentamos en el sofá. Marta directamente ya se sienta junto a mi y mientras pego sorbos a mi licor ella empieza manosearme el pecho y a darme besos girándose continuamente hacia Luis, que empieza tocarse sobre el pantalón. De repente Luis nos propone pasar a la habitación.

L: ¿Por qué no pasamos a la habitación que estaremos todos más cómodos?

Al entrar veo dos cámaras alrededor de la cama. Le digo que no, que yo no he venido a hacer porno para que luego vaya rodando por ahí. Luis me comenta que no, que son para uso privado, que él se masturba viendo videos de cómo se follan a su mujer, pero que si me da reparo, tiene unas máscaras para que me pueda poner. A regañadientes acepto.

M: Hay una última cosa. - No puede ser, más sorpresas, me digo para mis adentros.- Necesito que te duches antes, ahí tienes el baño.

Y: Ahhh, sin problema, enseguida salgo.

Entro al baño y me pego una ducha, al salir voy solo en calzoncillos y con la máscara. Miro y veo a Luis sentado en un sillón frente a la cama, sin pantalones ni calzoncillos y acariciándose sus partes. Sobre la cama está Marta, con un conjunto de lencería espectacular que realza todo ese cuerpo voluptuoso. Se arrodilla sobre la cama y haciéndome un gesto con la mano me dice:

M: Ven aquí que necesito que me apagues estos calores que tengo.

Me acerco hacia la cama, ella se arrodilla y empieza a besarme. Yo la correspondo y empiezo a tocar esos bonitos pechos, se los saco del sujetador y empiezo a lamerlos jugando con mi lengua en sus pezones. Estos se van poniendo cada vez más duros, al igual que mi miembro. Me quita los calzoncillos y empieza a acariciarme la polla y a masturbarme. Acerca su cabeza y con la lengua se pone a lamerme todo el glande, buscando mis puntos más sensibles. Se la introduce en la boca mamándomela con desespero. Tras un rato así se aparta y me pide que le coma el chocho. La tumbo sobre la cama con el culo al borde de ella para que Luis pueda observarlo todo. Le quito el tanga y empiezo a saborear ese delicioso chochito. Lengüetazos, lametones, le succiono el clítoris y la hace estremecer. A todo esto Luis observando con atención y masturbándose. Le empiezo a introducir la lengua en el coño que cada vez está más húmedo y chorreante. Tras un rato así Luis suelta:

L: Fóllate a esa puta.

M: Si, fóllame, que el pollavieja este no es capaz de hacerlo y que vea como un hombre de verdad se folla a su mujer.

Me levanto y tal y como está le meto la polla hasta el fondo. Ella grita de placer. Empiezo un suave traqueteo adelante y atrás, que poco a poco voy acelerando. Llega un momento donde se ve que bajo el ritmo y ella me pide que me tumbe. Lo hago y ella se monta sobre mi y empieza a follarme ella. Aprovecho la posición para disfrutar de esos pechos entre caricias y chupetones. Me encarnizo con sus pezones y se ve que a ella le encanta ya que acelera el ritmo y empieza a soltar gemiditos. A todo esto, Luis se ve que no podía ver bien desde su asiento y ya estaba junto a nosotros observando.

L: Date la vuelta zorra, si me pones los cuernos por lo menos que yo disfrute viéndote.

A lo que ella, le obedece y se gira de cara hacia el sillón, dónde Luis vuelve a sentarse y continua masturbándose. Ella empieza a cabalgarme de espaldas a mí, mirando a su marido, apretándose los pechos y soltando gemidos para provocarle. Aprovecho para con una mano apretarle un pecho y con la otra acariciarle el clítoris. Entre los gemidos de Marta y viendo la situación de penetración y toqueteo múltiple, Luis termina eyaculando sobre sus propias partes. Nosotros continuamos con lo nuestro un rato y de repente noto la presión sobre mi polla mientras Marta se estremece en un orgasmo y acaba dejándose caer hacia delante. Esto tensa más mi polla y continúo empujando.

Y: Buff, quédate así y me corro enseguida.

L: No, no te corras dentro, quiero ver como le llenas la cara de lefa a esta puta.

Me aparto y ella se pone a mamármela hasta que noto que ya voy a explotar. Ella se aparta un poco para finalmente correrme sobre su cara. Con el dedo recoge el semen metiéndoselo en la boca, para a continuación acercarse a Luis y lamerle el que todavía tenía sobre su entrepierna. Se levanta y le da un beso apasionado a Luis, que interpreto como de agradecimiento. Después nos damos una ducha y al salir Luis nos pide que le acompañemos al salón. Quiere mostrarme que en los vídeos no se me puede reconocer. Nos sentamos en el salón y empieza a pasar las grabaciones, mientras el vuelve a masturbarse con su miembro medio flojo. Mientras vemos el video sufro una erección al observar desde fuera la situación, a lo que Marta se da cuenta. Se ve que ella también se ha puesto caliente y directamente se me sube encima de espaldas a mi mirando el televisor y vuelve a follarme. Se gira Luis y nos ve y no puede resistirse y se levanta frente a su mujer para que se la coma mientras me folla. La situación se vuelve un poco extraña, ya que después de un buen rato mamándosela no consigue que se le levante, a lo que finalmente Luis se aparta y se sienta de nuevo a tocarse mientras nosotros continuamos. Marta me pide que me siente en una silla, que lo haga cerca del borde. Le obedezco y ella se monta sobre mí poniendo los pies tras de mí en la silla. Con esta posición ella recibe la polla más adentro y empieza a saltar como una posesa con gritos de placer. Tras un buen rato así empieza a estremecerse apretándome la polla que me hace correr casi al mismo tiempo que ella.

Una vez recuperados un poco les digo.

Y: Ha sido un placer, pero son la 4 de la madrugada y debo irme.

L: Ya tenemos tu contacto y tu el nuestro. Cuando quieras follarte una zorrita ya sabes. Y cuando la puta de mi mujer tenga un calentón te llamaremos y si puedes lo solucionas.

Nos despedimos y así quedamos, en vernos de cuando en cuando.
 
No pillo una.

En la empresa donde trabajo me mandaron a instalar una nueva máquina en una industria que ya había estado varias veces realizando mantenimientos y reparaciones. Al pensar en esta industria y como realizar los trabajos, me viene a la cabeza una chica que conocí allí. Era la guardia de seguridad, una chica con el pelo largo, morena siempre con coleta. Un cuerpo trabajado de gimnasio con unos buenos pechos y un buen trasero y muy guapa de cara.

Al recordarla, empecé a pensar en las situaciones en las que había hablado con ella, llamémosla Laura. La primera vez al terminar mi trabajo y salir, al despedirme y decirle "hasta luego", me dijo: "Eso querría yo", pero no entendí nada. La siguiente vez, al llegar, se mostró muy amable y sonriente y estuvo un buen rato hablando conmigo mientras esperaba la autorización para entrar. Al salir y volver a decirle "Hasta luego", me suelta: "A ver si es verdad", y así 2 o 3 veces más. Me quedo pensando, y sí, me doy cuenta que me cuesta pillar las indirectas. Hasta ahora no había caído, me estaba pidiendo algo más y yo sin percatarme.

Así que llega el día de la instalación y yo dándole vueltas a lo sucedido hasta entonces. A ver si está y consigo hablar con ella y ver si realmente sus intenciones son lo que yo me imagino. Al llegar a la puerta, me acerco a la garita y allí está ella, con ese uniforme que tan bien les sienta a las mujeres. La camisa blanca ceñida con un par de botones desabrochados que dejan ver sus pechos y el sujetador de encaje y esos pantalones apretados sin bolsillos detrás que marcan ese precioso culo y con su porra y esposas colgando del cinto. Buff, me pone caliente verla con ese uniforme. Total que al verla me alegro y mi cara cambia por completo.

Y: Muy buenos días Laura, vengo a instalar la máquina, mira a ver si tengo todos los permisos.

L: Ahora lo miro, pero yo te doy todos los premisos que necesites -con una sonrisa picarona-.

Tras un momento comprobando el ordenador me dice que sí, que puedo pasar.

L: Veo que hoy la traes más grande... la furgoneta.

Y: Ah, sí, es que llevo la máquina que debo instalar.

L: A mí me gustan grandes... las furgonetas.

Y: Bueno Laura, hasta luego.

L: Aquí te espero.

Entro y me pongo con los trabajos. Es un trabajo largo que me lleva bastante tiempo. En una de tantas que salgo a por herramienta a la furgoneta me la encuentro fumando junto a la garita. Desde lejos, tal y como me voy acercando la voy escaneando de arriba a abajo. Su coleta morena, esa cara bonita con esos labios, esos pechos apretados por esa camisa tan ceñida y ese culito que tan bien marcan esos pantalones. Me pone caliente solo de verla. Me acerco a la furgoneta que está junto a la garita y me dice:

L: ¿Ya has terminado?

Y: No, vengo a por un par de herramientas.

L: Pues ya sabes, que cuando termines, yo aquí te espero.

Esto me da pie y empezamos a hablar de cosas intrascendentes y después de un rato le digo:

Y: ¿Quieres que vayamos a tomar algo después cuando termine?

L: Encantada, ya tardabas en pedírmelo. Toma mi número de teléfono. Después nos vemos.

Volviendo hacia dentro voy pensando: "Pues seré imbécil, ella queriendo y diciéndome cosas y hasta ahora no he sido capaz de darme cuenta. Por lo menos después nos tomaremos algo y a ver si surge algo más."

Continúo todo el día con la máquina y se complica tardando más de la cuenta y termino sobre las 6:30 de la tarde. Al salir me acerco a la garita a verla y de repente me encuentro a un señor barrigón de unos 60 años. Pregunto por Laura y me contesta que ya se ha ido, que ha terminado su turno a las 6. Mi gozo en un pozo, subo a la furgoneta y salgo de la industria, dándole vueltas. "Espera, que me ha dado el teléfono". Circulando despacio por el polígono busco el móvil para buscar su número y llamarla. De repente oigo a toda velocidad un coche por detrás de mí, me adelanta y se me cruza. Pego un frenazo y le pito. Del coche baja Laura con la porra en la mano amenazándome.

L: ¿No me habías invitado a tomar algo? A ver si te voy a tener que esposar.

Y: Cabrona, menudo susto me has pegado. Iba buscando tu teléfono y casi chocamos.

L: Aparca ahí - y me señala una zona del polígono, ella aparca delante y yo detrás de ella.

Se baja del coche y se viene hacia la furgoneta mientras yo hago maniobra y tal y como bajo:

L: A ver, ¿me la enseñas?

Le enseño toda la zona delantera.

L: La parte de detrás también, que quiero ver lo grande que es.

Le abro el portón lateral y se sube.

L: Guau, esto es enorme, aquí te puedes montar una fiesta. Sube.

Subo junto a ella y me cierra el portón. Se abalanza sobre mí besándome y abrazándome.

L: Cuánto tiempo llevo esperando esto y tu sin reaccionar.

Empieza a meterme mano a lo que yo le correspondo. Nos enzarzamos en una lucha de besos y sobeteos durante un rato. Empiezo a tocarle ese culo para continuar con sus pechos ella hace lo propio con el mío para después pasar a mi paquete. Ya calientes del todo procedo a desabrocharle la camisa y meter mi cabeza entre esas preciosas tetas, se las saco del sostén y empiezo a chuparlas y lamerlas, le gusta ya que va tirando la cabeza hacia atrás. Le succiono los pezones que cada vez se van poniendo más duros y ella empieza soltar gemiditos. Tras un rato así, ella se aparta y me desbrocha el pantalón y me lo baja junto a los calzoncillos hasta los tobillos. Se agacha frente a mi y me coge el pene.

L: Por fin, esto es lo que yo quería - y se lo mete en la boca y empieza a mamármela.

Estoy en el séptimo cielo mientras ella disfruta de mi miembro. Al cabo de un rato se ve que se ha cansado de la postura y me indica que me tumbe en el suelo de la furgona. Le obedezco y como puedo lo hago. Vuelve sobre mi miembro mamándomelo y de pronto empieza a hacerme una cubana con esas tetazas. Desde arriba ella va escupiendo entre sus tetas y mi polla, lubricando el momento. Se agacha sobre sus pechos y con la lengua llega a lamerme el glande. Yo desde mi posición tumbado la estoy mirando y gozando cada momento y se me escapa algún que otro gemido de placer.

L: Ya sabía yo que te gustaría. - y continúa.

Entre mis gemidos y los ruidos de saliva y chupetazos oímos unos ruidos fuera. Son unos niños que estarán jugando por el polígono y al ver la furgona moverse se han acercado y al oír los gemidos empiezan a gritarnos:

Niños: Fóllatela, dale duro papi. Más, más.- golpeando la furgoneta y entre risas oímos como se marchan.

Laura sigue con lo suyo, no ha prestado atención a los niños y ha continuado con su cubana con lengua. Yo estoy que ya no puedo más, voy a correrme. Se lo digo y me dice que me corra, que entre sus tetas y su boca no hay problema. Así que al poco empiezo a correrme saliendo casi todo hacia su boca que está esperándolo y el resto cayendo sobre sus tetas. Con un dedo lo recoge todo y se lo lleva a la boca. Se recompone la ropa y yo me subo los calzoncillos y los pantalones.

L: Esta muy bien la furgona y si no hay nada más, sería perfecta, pero mejor vamos a mi casa que está a 20 minutos de aquí.

La sigo con mi furgona hasta su casa y mientras subimos en el ascensor volvemos a entrelazarnos a besos y sobeteos. Llegamos a su piso y me hace entrar. Es un piso pequeño pero muy coqueto. Vamos a la cocina y comemos algo. Estamos hablando un rato y me dice que ya me tenía ganas de hace tiempo. Le explico que yo a ella también y que me pone mucho verla con la porra y las esposas, que no me va el sado pero que verla con ellas me pone muchísimo. Terminamos de cenar y me lleva al dormitorio. Tal y como entramos regula la luz dejándola tenue con un tono rojizo. Me dice que me tumbe que ahora sale. Se mete en el baño y al momento abre la puerta y me quedo abobado mirándola. Está bajo el marco de la puerta con el sostén y las bragas de encaje y el cinto puesto con la porra y las esposas. Las vistas no pueden ser más espectaculares con la luz blanca del baño marcando toda su figura y esa porra colgando. Coge la porra con una mano mientras se golpea sobre la palma de la otra.

L: Así que has sido malo y te voy a tener que castigar. Quítate la ropa.

La obedezco y me quedo en pelotas con una impresionante erección. Se pone a contonearse moviendo la porra entre sus pechos, lamiéndola y pasándosela por su entrepierna como masturbándose. Se acerca sensualmente hacia mí pasando la porra suavemente sobre mi cuerpo. Se quita la ropa interior y se mete la porra en el chocho masturbándose. Me la acerca a la boca y la chupo y se la vuelve a meter. Después se la saca y se sube a horcajadas sobre mi, se agacha poniéndome las tetas en la cara. Aprovecho y empiezo a saborearlas. Pone la porra sobre mi cabeza y me pide que la coja. Lo hago, ahora estamos los dos cogidos a la porra. La va estirando sobre mi cabeza mientras yo disfruto de sus tetas. En un movimiento rápido me pone las esposas atándome al cabecero de la cama. Me quedo sorprendido al tiempo que muy excitado.

L: De esta no te escapas chico malo.

Esto cada vez se pone más interesante, pero al mismo tiempo siento un poco de miedo ya que no sé donde me he metido. Vuelve a pasarme la porra suavemente por todo el cuerpo para detenerse en mi pene erecto que lo golpea suavemente varias veces.

L: Esto me lo vas a tener que dar.

Se sube sobre mi agarrándose de mis manos atadas y me pone todo su coño en mi boca.

L: Esto te lo vas a comer si no quieres que te castigue más.

Obedezco y empiezo a comerle todo el coño. Ella está también muy caliente y no tardan en emanar flujos que voy saboreando. Tal y como voy lamiendo su clítoris y metiéndole la lengua ella va moviéndose sobre mi cara, colaborando al roce. De repente se aparta y empieza a chupármela, mete la cabeza entre mis piernas y empieza a comerme los huevos. Tras un rato así, se pone de cuclillas sobre mí metiéndose poco a poco mi polla. Empieza un suave movimiento arriba y abajo sobre la parte superior de la misma. Cuando ya está preparada se deja caer toda sobre mi polla metiéndosela toda dentro hasta el fondo soltando un fuerte gemido. Continua en esa posición un buen rato, mientras yo estoy disfrutando, pero cada vez la noto más y estoy a punto. Ella lo nota y cambia de postura. Se abalanza sobre mi cogiéndose a mis manos esposadas y dejándome sus pechos en mi cara que empiezo a saborear. Mientras me monta va golpeándome con su pechos la cara y yo con la lengua intentando atrapar un pezón. Finalmente lo atrapo y cambia el ritmo para que me deleite chupándolo, cosa que a ella también le gusta viendo como me mira. Le digo que estoy a punto y vuelve a acelerar el ritmo. Finalmente me corro dentro de ella, que lo nota y empieza a hacer movimientos de cadera sobre mi para al poco terminar en un orgasmo con gemidos varios. Se deja caer sobre mi y finalmente me quita las esposas. Aprovecho para acariciarle todo el cuerpo, poniendo énfasis en sus pechos y su trasero desnudos que no había podido tocar hasta ahora.

L: Puff, pues no ha estado mal, ¿no?

Y: Ha sido una gozada. Primero me asustaste con las esposas y la porra, pero después me has puesto a mil.

L: ¿Nos damos una ducha?

Nos metemos los dos en la ducha donde aprovechamos para besarnos, y meternos mano acariciándonos todos los rincones de nuestros cuerpos.

Me visto y me despido de ella. Eso sí, pensando en lo último que me ha dicho.

L: A la próxima dejaré que me pongas las esposas tú a mi y me hagas lo que quieras.
 
Los vecinos deben ayudarse.

Vivo en una calle de adosados y al ser poca gente casi todos nos conocemos, menos unas pocas parejas jóvenes la mayoría hemos vivido ahí casi siempre. Yo soy el que estuvo fuera unos cuantos años, pero aún así me conocen casi todos.

Un domingo por la mañana a eso de las nueve, estaba haciendo chapuzas en la cochera, llaman al timbre. Salgo directamente a la puerta y está mi vecina, "María"

M: Buenos días Manmar, no quiero molestarte, pero tengo un problema en casa. Me salta la luz y temo que se me estropee lo del frigorífico. ¿Tú puedes echarle un vistazo para pasar el día y mañana ya llamo a alguien? Si estas ocupado no pasa nada.

Y: No hay ningún problema, ahora cojo algo de herramienta y voy.

María es una vecina que ahora tendrá poco más de 60 años. De jovencito era mi "crush", como dicen ahora. Cuando yo tenía 14 años, junto a su marido, recién casados, compraron un adosado enfrente del de mis padres. A todos los chavales de la calle nos tenía alucinados. Tendría ella por aquel entonces unos 26 o 27 años y estaba que reventaba de buena. Tenía unos pechos hermosos y un culo impresionante con una melena negra rizada y carita de ángel. Era la primera mujer despampanante que veíamos en nuestra calle y además vestía apretada marcando su cuerpo, cosa que tampoco habíamos visto sino en el televisor. Los chavales nos pasábamos por los patios de una casa a otra para ver su lencería ya que nos daba morbo ver esos conjuntos que colgaba que en nuestras casas nunca habíamos visto. Yo desde mi ventana podía ver su salón y su habitación. Hice creer a mis padres que me había aficionado a la astronomía para que me compraran un telescopio de esos de juguete que no llega a más de 200 metros, pero a mi me sobraba. Creo que nunca apuntó al cielo, la única estrella que miraba era a María. En una de nuestras excursiones por los patios nos retamos a ver quien se llevaba unas bragas o sostén de María. Saltamos y cuando estábamos en su patio oímos el ruido de la puerta, nos habían pillado, echamos a correr yo aprovechando el barullo aproveché a coger una de esas bragas que tanto nos ponían. Fui el último en llegar a la valla y justo cuando iba a saltar me gritó María desde detrás:

M: Manmar, no saltes, sal por la puerta que todavía te harás daño. Ven aquí. He visto que te metías algo en el bolsillo. ¿Qué es? ¿Qué me habéis robado? - Yo todo rojo sin saber que hacer.

Y: Nada, no tengo nada.

M: O lo sacas tu o lo saco yo y llamo a tus padres.

Meto mi mano en el bolsillo y saco una de sus bragas.

Y: Esto. Yo no quería, pero era un reto.

M: ¿Seguro que no querías? Quédatelas y gana el reto y disfrútalas. - mientras se reía-

La de veces que me pajeé con esas bragas mirándola cuando se cambiaba con mi telescopio. Pero en fin, de eso han pasado muchos años, su marido falleció hace unos años y sus hijos viven fuera.

Total, que cojo mis herramientas y voy a casa de María, esa que tantas veces había observado. Me explica lo que pasa y me pongo a buscar la avería. Tras unas cuantas pruebas y irse la luz varias veces encuentro el fallo.

Y: Bueno María ya está localizado el problema, ahora ya no te saltará la luz. Tienes el lavavajillas estropeado y te hace saltar el diferencial de cabecera. Te lo he desconectado y ya mañana buscas alguien que te lo repare o te compras otro, yo esto no tengo materiales para repararlo.

M: Muchas gracias. ¿Qué te debo?

Y: Nada, si no ha sido nada, además para eso están los vecinos.

M: Pues al menos siéntate y nos tomamos un chocolate con churros que he comprado hace un rato.

Y: Vale, eso si que lo acepto.

Me siento a desayunar con ella y nos ponemos a hablar de nuestras vidas en el barrio. Le comento que me separé y por eso volví al barrio. Ella me explica que sus hijos ya se han hecho mayores y se han ido a vivir fuera, que su marido falleció hace unos años. Empezamos a hablar de cuando llegaron al barrio, anécdotas y total que recordando cosas, me suelta:

M: Ay, también me acuerdo cuando eráis unos adolescentes y os pillé saltando a mi patio. Todos huyeron menos tú. Recuerdo que me robaste algo. ¿Qué era, un sujetador?

Y: Unas bragas.

M: Ah, si y finalmente dejé que te las llevaras, seguro que le sacaste más provecho tu que yo.

Automáticamente me puse todo rojo al oír esas palabras de ella.

M: Es normal, adolescentes y ver a una mujer que no llega a los treinta y que estaba de muy buen ver. Porque entonces estaba buena, ahora ya han pasado los años y mira.

Y: Pues si continúas estando preciosa. Ya quisieran la mayoría estar de buenas como tú a tu edad.- La verdad que para la edad que tiene es toda una señora apetecible un poco más gruesa que antes y los pechos un poco caídos pero de muy buen ver.

M: Seguro te hiciste muchas pajas con ella. - Me vuelvo a sonrojar - Que no pasa nada es normal. Cuéntamelo que así al menos yo también fantaseo, que a mi edad y en mi situación poca cosa más puedo hacer.

Me pongo a contarle mis aventuras mirándola. Le explico que de joven la tenía como mi ídolo sexual. Que la miraba con mi telescopio cuando en verano limpiaba el salón en ropa interior, cuando se cambiaba en la habitación, que algunas veces lograba verle las tetas y que algunas noches me quedaba con la luz apagada y miraba su silueta mientras le comía la polla o follaba con su marido pensando que era yo y me pajeaba con sus bragas, que nunca llegué a verle el coñito que tanto deseaba. Solo explicándoselo empiezo a sufrir una erección y mis bermudas no ayudan a disimularla, y yo todo sonrojado por la situación.

M: Te has emocionado contándomelo. Veo que te traigo buenos recuerdos. Pero ahora ya han pasado los años y mi cuerpo ya no es lo que era.

Y: Que va María, si continúas estando buenísima. Seguro que allí por donde vas todos los hombres van girándose a tu paso. A mí continúas poniéndome, solo hay que verlo.

M: Pues si es así habrá que solucionar tu fantasía de adolescente y yo llevo ya unos años sola y sin probar nada mas que mis juguetitos - me dice mientras apoya su mano sobre mi entrepierna y empieza a acariciar mi pene erecto, lo saca y empieza a pajearme. Se levanta y se quita las bragas y me las pone alrededor del pene y vuelve a masturbarme -

M: ¿Así hacías con mis bragas? - mientras abre sus piernas para que pueda ver su coño -

M: ¿Esto es lo que querías ver? - y mientras con una mano y sus bragas me pajea, con la otra empieza a tocarse con dos dedos el clítoris. No puedo creerme lo que me está pasando, mi ídolo sexual de la adolescencia pajeándome. Tras un buen rato en ello, se levanta y se quita el vestido, quedándose sólo con el sujetador y me quedo mirando esos grandes pechos, recordando la de veces que los miré.

M: ¿Así los veías? - y vuelve a pajearme con sus bragas combinándolo con sus pechos, haciéndome como una cubana por debajo del sujetador. Estoy disfrutando cada momento y empieza a chupármela. Continúa un buen rato así hasta que no puedo más, lo nota y me mira y cuando estoy a punto, se la saca de la boca y se la dirige hacia sus pechos, recibiendo toda mi eyaculación sobre ellos. Se limpia y me dice:

M: Ven conmigo y verás desde dentro esa habitación que tan bien conoces. - La sigo hasta su habitación y se tumba en la cama y me pide que me quite la ropa.

M: Ven y realiza todo lo que soñaste.

Me quito la ropa, me pongo junto a ella y le quito el sostén para poder empezar a saborear esos pechos que tantos años anhelé. Los disfruto con locura con cada lamida y a ella parece gustarle, aprovecho y empiezo a meterle la mano en su entrepierna y empiezo a masturbarla. Ella empieza a gemir, cambio de postura y meto mi cabeza entre sus piernas y empiezo a comerle su coño que empieza rápidamente a lubricarse. Me incorporo sobre ella y empiezo a meterle mi polla que entra suavemente en su coño todo lubricado y empiezo a embestirla. Ella abre su mesita y saca un satisfyer y se lo acerca al clítoris. Mientras yo la follo se va dando placer con el aparatito. Después de unos buenos minutos así empiezo a notar más presión sobre mi polla, parece que está a punto de correrse. Aumento el ritmo ya que a mí también me falta poco y empiezo a notar sus convulsiones de cadera y sus gemidos llegan a su punto álgido corriéndose. Continuo un poco más mientras noto que ella fuerza con su vagina la presión sobre mi polla para finalmente correrme dentro de ella. Exhausto me dejo caer en la cama junto a ella.

Y: Treinta y cinco años esperando esto.

M: Al menos lo has disfrutado, ¿no? ¿Ha valido la pena?

Y: Por supuesto, ha sido todo un placer.

Al momento me meto en el baño y me ducho y ella también. Empezamos a vestirnos y se oye el timbre.

M: Ay, casi se me olvida, que hoy venían mis hijos a comer. Casi nos pillan.

Abre la puerta y es su hija Pilar, que tendrá unos treinta y cinco. No la veía desde que era muy pequeña y ahora era toda una mujer despampanante, con un cuerpo bien heredado de su madre. La miro de arriba a abajo, la saludo y aprovecho para irme antes de que mi mente calenturienta empiece a fantasear más cosas.

Y: Bueno María, ya lo tienes arreglado de momento, me marcho.

M: Muchas gracias. Menos mal que todavía hay vecinos como tú que me pueden arreglar cualquier cosa. Si tengo alguna otra urgencia te llamaré y si necesitas cualquier cosa no dudes en llamar a mi puerta.
 
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