Mi primera historia de amor

Till Lindemann

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  1. Mujer
  2. Pareja
Después de conocer la historia de amor de @SaurVad, vi ciertas similitudes con una historia de amor que viví y que recuerdo con especial cariño. Fue mi primera historia de amor, una historia que perduró de forma fugaz durante muchos años y donde hay alguna pincelada de sexo por la cual pasaré de puntillas.


Verano del 94

Aquel sitio era un paraíso. No tenía palmeras ni aguas cristalinas, no se veían islas en el horizonte ni había chicas haciéndose sesiones de fotos en bikini y con una pamela por sombrero.
Aunque años antes ya había estado en ese lugar, seguía impresionando por su belleza, por su olor a aire fresco, por sus cascadas, por aquel glaciar que se veía desde el valle y que helaba, en pleno mes de julio, el río que pasaba a nuestro lado.

Aquel camping no era un camping al uso. Llegabas, te instalabas donde querías y, al rato, venían los cobradores del pueblo a pedirte una tarifa ínfima por estar ahí, en el paraíso. Y es que no tenía piscina, no tenía zonas lúdicas, tan solo servicios básicos como un baño común, fregaderos comunes y duchas a la intemperie con agua helada que bajaba directamente de las montañas. El panadero subía cada día y nos hacía sentir su presencia tocando el claxon de su C15. Había un bar que servía de refugio en los días lluviosos y a veces hasta se instalaba un pequeño mercadillo donde llegué a estamparme una camiseta con los AC/DC.

Por entonces mi timidez era enfermiza. No tenía amigos en ese camping, pasaba las horas leyendo, bajaba casi cada día al pueblo en bicicleta; me gustaba ser peinado por el viento y sentir mis lágrimas fluir de mis ojos por aquellas velocidades que, en bajada, me gustaba alcanzar. Con un poco de suerte encontraría una Hobby Consolas del mes anterior, un Marca con la actualidad ciclista donde consultar mis puntos en mi equipo fantástico y… ¿la Heavy Rock? Allí no la encontraría ni en sueños.

En aquel camping me encontraba con mis padres, mi hermano, y mis tíos y primos. Yo tenía entonces 16 años, mi hermano tenía 6, algo menos mi primo, y es por ellos, gracias a ellos, como la conocí. Lo único que inconscientemente ha hecho mi hermano por mí; si hubiese sido consciente, no lo habría hecho.

Estábamos situados en una zona de paso, bajo un árbol cerca de los fregaderos y baños. Es por ello que mi hermano y mi primo no tardaron en destacar: los dos eran pequeños, juguetones y sufrían de alguna tara mental que por entonces no éramos capaces de diagnosticar (hoy sabemos que los dos son gilipollas), pero que les hacía mucha gracia a todos aquellos que pasaban cerca de nuestras caravanas. Es así como conocimos a Bea y Martina, dos gemelas valencianas que no dudaron en follarse a medio camping antes de que sus novios viniesen a verlas y simulasen una boda a la luz de la luna. Si vosotros supieseis… Patri era la pequeña de las tres hermanas, tendría unos 14 o 15 años y, una noche… una noche vino a buscarme.

¿Continuará?
 
Pinta muy bien. El gilipollismo de antes no estaba diagnosticado 🤣🤣🤣🤣

Se te han colado los interrogantes.


Continuará!!!
 
Jajajjajajajaj me va gustando, tiene muy buena pinta 🤣🤣🤣
 
¿Patri? ¡Rosa!

Patri preguntó por mí. Extrañado, muy extrañado, pensé si salir. No estaba sola; se oían murmullos en la puerta de mi caravana. Mi timidez era tal que sentía terror hacia cualquier evento no esperado, y ese era uno de ellos. Mi opción segura en ese momento era huir, pero era consciente de que esa opción me perseguiría durante el resto de mis días en aquel camping.

Patri: –Hola, Till, siempre te vemos aquí solo y habíamos pensado en que igual te gustaría venir con nosotros. Vamos al parque del parador y no tardaremos en volver.

Cogí mi chaqueta esperanzado, muerto de miedo pero esperanzado. Era una prueba para mí salir con ese grupo de… ¿15 personas? ¿20? Pero sin duda era un paso importante para mí; esa noche no me arrepentiría de haber tomado la decisión correcta.

Las rocas de las montañas brillaban a la luz de la luna; lo hacían también las estrellas. Hasta las luciérnagas parecían querer iluminarnos las sombras del camino. Estos bichitos que creía que solo existían en los dibujos de la Abeja Maya.

No conocía de nada a Patri; nunca habíamos hablado antes. Solo se pasaba de vez en cuando a saludar a los pequeños de “la casa”, pero aun así la buscaba con la mirada como si fuese mi único apoyo; al fin y al cabo, era la que me había abierto las puertas de ese grupo.

Poco a poco me fui quedando entre los más rezagados. Hubo instantes en los que me sentí solo, sin saber a quién acercarme o de qué hablar, y entonces apareció ella: Rosa.

Rosa tenía 13 años, una barcelonesa que era pura energía. La hubiese echado quizás unos años más: una chica desarrollada, alta, bien formada, con un bonito cuerpo y un mejor culo. Solo necesité unos minutos para envidiar su forma de hablar, su confianza en sí misma, su magia. Solo necesitó unos minutos para cautivarme, para hacerme sentir como uno más, para conseguir que mis palabras fluyesen como no lo había conseguido antes con una chica.

Rosa iba y venía. En la cabecera del grupo estaba David, su novio, el que parecía o ejercía como líder del grupo: alto, rubio, seguro de sí mismo y también celoso. Lo supe porque no dudó en provocar un encontronazo conmigo esa misma noche, un encontronazo al que no daré importancia.

Aquella noche casi no pude dormir. Era feliz y soñaba con que me viniesen a buscar una vez más la noche siguiente.
 
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