No me siento orgulloso de haber sido infiel, pero lo fui. No con todas, pero sí con quien he pasado más tiempo de vida.
Puedo contar… cuatro parejas, con la primera no me dio tiempo a serlo, con la segunda sí fue infiel, a la tercera le daré el privilegio de contarla como pareja, y vivíamos una relación sexual tan plena que la abrimos desde el principio, y a mi actual mujer no se me pasa por la cabeza serle infiel, aunque algunos creerán que por el simple hecho de estar aquí sin que ella lo sepa ya lo es.
Con mi segunda pareja no sé muy bien que me movió a ser infiel, tal vez la juventud, la sensación de que la vida pasaba rápido y tenía semen para todas, acabar poniendo la guinda a las sesiones de cibersexo sin las cuales no podía vivir… o tal vez que rompí el caparazón que protegía de la vida a un tímido como yo, y decidí vivirla deprisa y recuperando el tiempo perdido.
Luego vendrían otros motivos, como la monotonía y la falta de sexo en mi relación.
Repito que no me siento orgulloso, que nos faltó comunicación y esa comunicación llegó tarde, que soy de los que ahora apoya eso de “antes de serte infiel te dejo”, pero pasó así.
Hoy no lo haría, aprendí que se hace daño, pero el infiel “también sufre”, se cansa de esconder, se cansa de engañar, se cansa de vivir con el miedo a ser pillado.